El Tercer Milenio y la Calidad

Parece evidente que el progreso, la calidad de vida de un país depende, fundamentalmente, de su potencia científico-técnica y del apoyo moral y económico que ciudadanos y gobierno den a la Investigación en Ciencia, al Desarrollo en Tecnología y a la Calidad que llevan asociada. Algunos, pese a problemas y obstáculos, han venido impulsando el concepto de la Calidad; ganando, calladamente, batallas en este sentido. Ello nos compromete ahora a divulgar con el ejemplo las diversas plasmaciones de la Calidad. Y en particular de la Calidad de Vida.

Uno de los logros del siglo se plasma en la frase “El hombre mide al Mundo”. Porque sobre esas medidas se basa el conocimiento, el control y la utilización, cada día mejores, de ese Universo que Dios nos regaló.

La Implantación de la Calidad Total exige la participación de todas y de cada una de las personas involucradas. Pero uno de sus requisitos es empezar por asegurar la Calidad en la propia actuación profesional de todos y hacer bien todas las cosas a la primera. Lo que creará una autoestima en cada colaborador, no sólo a nivel directivo sino, sobre todo, de los ejecutores de los procesos. Parece que ello será sólo posible cuando todos actuemos como agentes de la Calidad, como creadores de valores. Y nos sintamos ya íntimamente retribuidos al hacer nuestro trabajo todo lo bien que sea posible. La Calidad no sería entonces sólo un atributo de los productos o servicios sino un valor humano. ¡Hemos de ser capaces de vender, con nuestro ejemplo, estas ideas!.

Pero vivimos un mundo de humanos con los que nos hemos de integrar contribuyendo a crear, cada día, un ambiente de unidad y de comprensión. Ello implica Calidad en las relaciones interpersonales, en la comunicación que estimula la relación personal. Para lograrla hay que salir, con talante humilde, de nuestro “castillo interior”, de nuestra parcela intelectual y social. Hay que conocer y comprender a todos. Hacerles saber que todos y cada uno de ellos nos son precisos. Esta forma de sentir ha de ser incorporada a los programas para el próximo milenio.

El don de la libertad es patrimonio de todo ser humano, mientras no lo limiten los demás. Ello implica, en todas nuestras actuaciones, la responsabilidad de tomar decisiones con Calidad. Para evaluarla precisamos de comparar la especificación, el deseo de lo que se espera de cada acción, con una medida del resultado y comprobar “si vale o no vale”. Esto es normal en Calidad, pero hemos de practicarla desde la duda sistemática, rechazando la ciega seguridad en nosotros mismos, la autosuficiencia. Y en todo tipo de actividades hemos de anteponer el juicio y el interés de los demás al nuestro. Sólo así seremos todos libres.

Para terminar, ¡hagamos uso de nuestras capacidades y libertades con Calidad!. Busquemos la comunicación con los demás promoviendo la reconciliación. Limitemos nuestro consumismo y promovamos la mutua Calidad, especialmente en el uso de recursos disponibles. Así, nuestro libre albedrío dará sus mejores frutos: Paz, Esperanza y Calidad. Son los mejores bienes que posee el ser humano y los únicos que le pueden acompañar siempre, en este y en el próximo milenio.

EL ESPEJISMO DE LA LIBERTAD

Una cierta dosis de escepticismo sobre las propias esperanzas terrestres es imprescindible para evitar ser víctima de los espejismos de nuestra mente que nuestro vocabulario a veces expresa.

Una de las palabras que hoy día centra bastantes de estos espejismos es la palabra “libertad”. Sin duda la libertad es importante, fundamental, pero ¿sabemos distinguir claramente entre lo que proyectamos de ilusorio en esa palabra y lo que la libertad es? ¿sabemos ver cuál es la libertad que puede proporcionarnos cierta dosis de dignidad y de felicidad y cuál es la que no nos dará nada o casi nada?

La libertad, por sí sola, al cabo de un rato, es aburrida; fastidia, no tiene sentido. La libertad sólo tiene sentido como lo tiene el dinero que, una vez se posee, sólo se disfruta en el momento en que se gasta de una manera sensata y así, desaparece para convertirse en otra cosa: una cosa bella, una cosa útil, por ejemplo. Por sí solo, el dinero no sirve más que para ser contado, haciendo, con los billetes, pequeños montoncitos tontos, o para ser contemplado convertido en cifras de la cuenta corriente.

Con la libertad ocurre algo parecido a lo que ocurre con el dinero: si no se gasta, si no se pierde la libertad cambiándola por otra cosa (para ponerse uno al servicio de alguna obra que valga la pena) sólo sirve para aburrirse mirándola con fijeza estúpidamente, sin saber qué hacer de ella y de uno mismo. Sólo aplicada, es decir, gastada, sacrificada y perdida (pero por propia voluntad deliberada), perdida en una obra que, al hacerla, nos ata y nos quita esa libertad, sólo entonces la libertad es algo sustantivo. Sola, es nada más y nada menos que una posibilidad para crear algo, de por nosotros mismos, para los demás o para nosotros. Siendo sólo una posibilidad, solamente es efectiva y sólo se convierte en algo real cuando actúa, y, cuando actúa se la sacrifica, se la anula y se la gasta en la realización de una obra que, por el hecho de hacerla, ata esa libertad nuestra que andaba suelta y aburrida, y la hace producir, a la vez que la hace crecer (si es que lo que hacemos es justo y acertado). Sólo se es libre y se crece en libertad en la medida en que vamos dejando, aquí y allá, a pedazos, la libertad que poseíamos.

Sólo es libre el hombre que, renunciando a su indeterminada libertad, toma una decisión creadora, desafía el futuro y, aplicándose con la debida energía a seguir un camino y a realizar una obra que él mismo ha escogido, renuncia a las otras infinitas rutas posibles y camina con entusiasmo sacrificado, esfuerzo y constancia en esa dirección, y hace algo que merece la pena y, de lo cual, será responsable, sea en positivo, sea en negativo. Porque el correlato de la libertad es la responsabilidad.

La felicidad del hombre no está en la libertad sino en la sujeción a un deber. La libertad adquiere, pues, su grandeza sólo cuando es sacrificada voluntariamente en una realización ennoblecedora. Solamente así se convierte en la gloria del hombre, porque le hace darse a sí mismo y a los demás un destino elevado.

HACIA UNA SOCIEDAD SIN PADRE…

La imagen del padre es muy fácil que se nos escape de su auténtico significado, debido, en parte, a la devaluación que en nuestro tiempo ha padecido la paternidad. Hace más de sesenta años Alexander Mitscherlich escribe, describe e interpreta ese deslizamiento del mundo occidental hacia una sociedad sin padre. Este movimiento se ha intensificado con el tiempo, hasta el punto de que, hace aproximadamente cuarenta años, Lance Morriw podía escribir que, de los cincuenta mil padres que habían respondido a una encuesta de la periodista Ann Landers, una mayoría del 70 % había respondido que, si pudieran volver atrás, ya no querrían tener hijos, pues era algo que no merecía la pena. ¿Y si esa encuesta se realizase hoy día en España?…

Esta reciente depreciación de la función parental es una de las razones por las que al hombre de hoy le cuesta tanto captar el concepto de “padre”. Se ha abierto un profundo abismo entre la comprensión de este concepto en la actualidad y la de la anterior generación. Pensamos con demasiada facilidad que la palabra “padre” tiene actualmente el mismo contenido que tenía hace no muchos años. Pero lo cierto es que la función del padre abarcaba entonces mucho más que en la actualidad. En nuestro mundo moderno, los jóvenes crecen en una sociedad sumamente complicada y sometida a la especialización, y reciben muy diversas influencias lejos del hogar.

La angustia con respecto al pasado, lo mismo que el miedo al futuro, puede provocar tremendos deterioros: puede ponernos a la defensiva, cerrándonos a todo progreso, y puede también impulsarnos a una huida hacia adelante, por miedo a quedar bloqueados.

El padre toma la iniciativa. Todo padre es creador y suscita la vida. Ama al hijo antes aún de que éste nazca. Un padre da gratuitamente. Su amor no se basa en nada. Asume el riesgo de procrear. Y nadie puede garantizar que el hijo vaya a ser física, mental o moralmente sano. Lo único que el padre puede hacer es amar con tanta bondad que su hijo resulte igualmente bueno.

Y si resulta evidente que el hijo depende de su padre, igualmente evidente es lo contrario. La felicidad de los padres está fuertemente influenciada, positiva o negativamente, por la evolución del hijo, porque los padres se hallan ligados a él de mil maneras. El amor le hace a uno vulnerable. Una verdadera paternidad significa un crecimiento en la abnegación.

El padre procura al hijo el espacio necesario para llegar a ser él mismo. Al ofrecerle una seguridad y un espacio en los que pueda desarrollarse una vida autónoma, el padre provoca al hijo a tomar conciencia de su individualidad. Puesto que le ha dado un nombre, todos pueden dirigirse al hijo, y éste puede responder personalmente. El nombre le da al hijo una identidad y suscita unas responsabilidades propias.

Es también a mi padre a quien yo debo mis raíces. Se han sucedido millares de generaciones; han muerto mis antepasados…; pero cuando muere mi padre, yo me quedo huérfano. Si mis raíces se hunden en mis antepasados, es a través de mi padre. Y tenemos, ahora más que nunca, necesidad de esas raíces. Suele decirse que, gracias a la TV, el mundo moderno se ha convertido en una gran casa. Pero también es verdad lo contrario: nuestra morada se ha hecho tan enorme que ya no estamos nunca en nuestra propia casa. La historia humana se remonta a millones de años, en los que una vida humana se pierde como un minúsculo fragmento microscópico. La sensación de no tener ya raíces provoca angustia e inquietud.

La palabra “padre” es una palabra ancestral de la historia cultural y religiosa de la humanidad. En el pasado, esta palabra significó macho más que progenitor. El padre es el origen y al mismo tiempo protector y promotor de la vida. Del padre depende la vida del hijo; él la da y la acepta libremente. Así, el padre representa el orden legítimo de la vida. Es la expresión del poder y de la autoridad, como también de la entrega, la bondad, la asistencia y la ayuda. Tras una larga historia, esta imagen del padre nos resulta actualmente problemática. Ya no hay padres, si por padre se entiende lo que se entendió a nivel sociohistórico durante muchos milenios. Vamos hacia una sociedad sin padre. Actualmente la experiencia del padre humano falta, o incluso es negativa.

En una sociedad donde todo se basa en la prestación y la contraprestación, donde todo se orienta a la independencia, ascenso, progreso, emancipación y autorrealización, no hay sitio para la autoridad y el rango, ni para la autoridad de lo antiguo y originario. En consecuencia, la estructura y la cultura familiar, incluida la autoridad del padre, están sometidas a un cambio revolucionario y a un proceso de disolución. El problema no es sólo la protesta y la rebelión contra el padre, sino la renuncia de los padres a la responsabilidad paterna y al ejercicio de la autoridad.

En el aspecto y perspectiva de la psicología social, se ha analizado el problema del padre, llegando a interpretarse las relaciones ambivalentes con el padre como complejo paterno, concretamente como complejo de Edipo. Este complejo es el núcleo de todas las neurosis. Pero la rebelión contra el padre y el asesinato de éste llevaron a la lucha de todos contra todos, al caos generador de angustia y al terror. Así se llega a la búsqueda del padre perdido y a la reviviscencia del ideal paterno.

Este marco sociológico y de psicología incluye también el movimiento de liberación de la mujer y la correspondiente teología feminista. Su protesta contra la sociedad patriarcal y contra el predominio del varón sobre la mujer lleva lógicamente a la crítica de un Dios Padre en la que ven la sacralización del patriarcado y la sublimación ideológica del predominio de los varones y del sometimiento de las mujeres y de los valores femeninos. Esta crítica no tiene por qué llevar a una religiosidad poscristiana de las divinidades maternales; también puede conducir a la crítica profética basada en la idea bíblica de Dios como padre. Esta crítica profética se funda en que Dios es el padre de todos los hombres y en realidad sólo él es verdadero padre. Siendo esto así, no debe haber opresión del hombre por el hombre, porque todos los hombres son hermanos y hermanas en la medida en que tienen en Dios su padre común. La teología feminista así entendida constituye una invitación a concebir la idea del padre de un modo más crítico y profundo y a ahondar más en su significado.

El padre, pues, simboliza el origen del que se depende, pero al que se debe también la propia existencia. Es un origen liberador y justificador de esta existencia. Por eso, la relación entre el padre y el hijo es general en la condición humana y viene a expresar que la libertad del hombre es una libertad condicionada y finita. La eliminación del padre sólo sería posible al precio de una utopía aberrante de una libertad absoluta y de un señorío inhumano del hombre. Siendo la relación entre padre e hijo consustancial al hombre e imposible de sustituir por ninguna otra, el término “padre” es una palabra originaria de la historia de la humanidad y de las religiones que no puede reemplazarse ni puede ser traducido por ningún otro concepto. Sobre este telón de fondo se puede calibrar toda la magnitud de la crisis actual.

Nos llaman conspironaicos

Algo oculto está sucediendo: “La africanización de la UE ya se estableció en 2008”. Lo que realmente importa: se está construyendo una nueva sociedad, de multicultural a unicultural. Cada vez más, las élites y los auto proclamados “líderes mundiales” hablan abiertamente de la necesidad de un “nuevo orden mundial“. Lo que ha sido descartado durante […]

Nos llaman conspironaicos

LA UNIDAD DE ESPAÑA. CULTURA DE DEFENSA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

General Dávila

CULTURA DE DEFENSA

‹‹Tenemos que ser capaces de fomentar en España la Cultura de Defensa››, ha dicho la ministra de Defensa en el VII Foro Atlántico. Lo ha dicho en anteriores ocasiones y no es la primera que incorpora este objetivo a los planes del ministerio de Defensa, aunque la realidad luego les hace ver su dificultad y se queda, como otras muchas promesas, en una pretensión inalcanzable. Una aspiración que supera el reto de alcanzar un 2% del PIB en el presupuesto de Defensa. El espíritu y las razones del alma no las van a lograr a base de presupuesto sino poniendo enmienda, con propósito de enmienda.

CULTURA Y CONCIENCIA DE DEFENSA

La cultura militar es algo más que los museos

Cultura y conciencia de Defensa son dos conceptos que se solapan y se confunden, pero no dejan de ser un conjunto de valores morales…

Ver la entrada original 1.097 palabras más

Entrevista a la Iglesia Católica

Me quedo alucinado de ver que te atacan por todos los frentes de la política interesada, los grupos afines a ella, algunos Medios de Comunicación Social tanto escritos como visuales. Y tú, tan campante toreas el vendaval de injurias injustificadas con coraje y paciencia ilimitados. ¿Qué te ocurre, Iglesia, que te conviertes en el blanco de todos cuando dices la verdad?

Sencillamente por eso: porque digo la verdad. Y la digo a contracorriente de modas y de ideologías predominantes. Ya estoy habituada a estos envites desde hace 2020 años. Estos que ahora me injurian se creen los «progres» y los avanzados del mundo. Y no es así. Lo que me dicen sin razón, ya llevan años y años diciéndomelo de mil y una maneras.

¿Y cómo te mantienes en pie? ¿Cómo no te vienes abajo?

Porque, aunque cuento con personas con defectos y pecados, quien me conduce y me guía es la fuerza del Espíritu de Jesús.
 Este no está sometido a la última moda o vorágine que se despierta en el mundo. El sigue, como eterno y vivo en la actualidad, afirmando sus principios benéficos para el hombre de todos los tiempos, hasta el final del universo.
 La gente cree, afirma Jesús, que me va a liquidar por palabrotas e injurias contra mi Cuerpo que es la Iglesia. Al contrario, mis seguidores se hacen más fuertes en la medida en que son perseguidos e injuriados. Son estos momentos concretos en los que fortalecen su fe y su adhesión a mi persona.

Enseñanza: Una vez que habías preparado tu discipulado, los enviaste a enseñar. «Id y enseñad a todas las gentes». Y los que quieran reciban el bautismo. La primera en esta materia escolar fue tu Iglesia. Creó monasterios, escuelas anejas, universidades, colegios… Y salvadas la aberraciones que ha habido a lo largo de la historia, siempre ha estado la Iglesia de parte del saber humano con una concepción integral de la formación de la persona. Ahora ya ves. Dicen que la «Religión», ¡fuera! Que haya gimnasia o educación física. ¿Por qué se le va a privar al 80% de los padres que piden la formación religiosa que se les dé a sus hijos? ¿Por qué esa manía rutinaria de que haya sólo escuela privada? ¿No tienen títulos tus fieles seguidores para impartir clases como los demás ciudadanos? Increíble escuchar frases como ésta: «Los obispos y los curas y las monjas, ¡fuera de las escuelas!».

Lectura:
 Mira, en estos últimos días leo las páginas de los periódicos escritos y digitales. Son muchos los que te achacan de «retrógrada y derechona».

Sí, ya estoy habituada a tales calificaciones. No saben qué decir para obtener votos de mis seguidores. Los hay conscientes de su fe y otros que, ante su voluntad quebradiza, se apuntan a un fuego ardiendo con tal de aparentar el progresismo de la sociedad. Mi «Señor» implantó la comunidad de bienes. Y esto debe hacerlo tanto el que se confiese de derechas o de izquierdas. Fue mi gran revolución. No la han inventado ellos. Les hace falta mayor lectura y reflexión de mi enseñanza.
Y no saben que a mí, el Señor, me liquidaron pronto, en la flor de vida, por ir en contra de todos aquellos que oprimían al pueblo que me encontré con mi venida al mundo. Me tildaron de revolucionario porque fui frontalmente contra los opresores de los marginados y más necesitados de aquel tiempo. Les llamaban de derechas porque exigían al pueblo lo que ellos no podían cumplir. Ahí están mis testimonios para quien quiera leerlos y meditarlos.
Tanto ayer como hoy se me ataca porque la verdad brilla siempre. Y quienes obran en la oscuridad y en la tiniebla, su mal aparecerá cuando menos se espere.

El sexo:
No hace mucho, tus obispos de España han publicado una carta de 250 páginas. Condenan ,como tú hiciste el libertinaje sexual como mercancía. Los cuerpos y su función sexual son ya meros instrumentos de placer. No son templos del Espíritu, como tú dijiste.
 Y menuda se ha armado contra los obispos. Seguro que hay defensores de otras tendencias, y no se habla para nada de ellas. Lo ven como natural. Tan sólo tus verdades son las que hieren, por lo visto, a esta sociedad posmoderna.
 Mira, Señor e Iglesia, ocurre que hoy en día la verdad la ostentan los todopoderosos de algunos medios de comunicación social. En lugar de sembrar el bien y la paz, buscan y hurgan en lo más execrable del ser humano. Nadie, por lo visto hay bueno. Todo lo que presentan es el mal encarnado en seres concretos de carne y hueso.
 El documento de tus obispos casi no lo ha leído nadie. Pero todos o casi todos hablan de él de oídas. La cuestión es atacarte sea racional o irracionalmente. Incluso algunos dicen que tus obispos no piensan. La inteligencia, por lo visto es patrimonio de quien ostente el poder secularista. Fíjate bien, «secularista», no laica. Tú no obligas a nadie a que te siga. La libertad ante todo. Pero hay quienes confunden a tus fieles con «derechones». ¿Tiene la verdad izquierdas o derechas»?
 Que yo sepa, tú no te apuntaste a ningún partido de los de tu tiempo. Tu Iglesia , tras 2020 años ha cometido errores, pero son de poca monta en comparación con todo el bien que ha hecho, hace y hará.
 Si uno lee tu libro sagrado, la Biblia, en seguida aparece la lucha doméstica en Caín y Abel y en tantas otras familias de aquella época.
 Cuando en aquel ambiente de libertinaje predicaste la fidelidad en el matrimonio y fuera el mismo, por poco te matan antes de tiempo.
 Hoy, menos mal, no se mata a tus fieles como conejillos de Indias. Bastantes, sin embargo, caen cada año por defender la verdad a secas.
 Con motivo de la carta dirigida a las familias, tus seguidores y representantes han sufrido y sufren todo tipo de vejaciones. Ellos, ¡pobrecillos! no son demócratas. Sólo se es demócrata quien esté afiliado a un partido, y si es de las mal llamadas izquierdas, mejor. ¿No tienen ellos sus derechos a decir la verdad para sus fieles? ¿Son ellos menos importantes que los que dirigen un partido político de la tendencia que sea?
 En lo que respecta al sexo fui conciso y claro, dice Jesús: «Que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre». Hoy se experimenta con las parejas sentimentales la convivencia. Y cuando hay altercados egoístas, todo se rompe como si fuera una débil cuerda que los une.

Te quieren arrinconada, Iglesia:
 Te niegan en sus tácticas, el derecho a defenderte. Cosa, por otra parte, que no hacen con ninguna otra institución. ¿Sabes porque? Porque te creen culpable de todo.
No quieren que hables. Te quieren encerrada en tus sacristías y catacumbas. Eres del tiempo pasado. ¿Tiene la verdad pasado o presente?
 Algunos que ostentan el poder te ponen en ridículo. En el fondo manifiestan una ignorancia crasa de tus trabajos por la humanidad. ¡Mucho más que ellos!
 No tienen argumentos serios para desacreditarte. Entonces recurren a la sátira populachera y a desacralizarte.
 ¿No se dan cuenta de que la fe llama a la acción? Nada de privado como ellos quieren. Eso ya pasó. Y no se dan ni cuenta.
 No quieren que te pronuncies contra el aborto, la eutanasia, los matrimonios de homosexuales. Estos temas los cogen en algunos grandes medios de comunicación hasta quemarlos por la saciedad de los espectadores.
 Son conscientes de que hay que informar mal de la Iglesia y de ti, Señor.
 Y muchos de tus creyentes no se mueven. Permanecen pasivos, resignados y con miedo de que les tachen de católicos o creyentes. La pasividad no tiene sentido. Hay que ir a la defensa de los propios valores. Y esto corresponde tanto a los obispos como a los seglares. Nada de complejos.
 Nada de arrinconados, sino a la vanguardia con buenos comunicados y alejados de tópicos como suelen hacer los atacantes.
 Sólo así «la verdad hace libre al creyente». Tranquila, Iglesia, una vez más saldrás más viva por la fuerza de Dios que actúa en ti.

Las heridas de un amigo son mejores que los besos de un enemigo. Amar con dureza es mejor que engañar con delicadeza…

La Verdad, la Ética y la Moral en la Ciencia, la Filosofía y la Teología ¿Compatibles… complementarias…?

Hay preguntas en el mundo y cuestiones fundamentales, enraizadas en lo más hondo del ser humano, en su ansia de verdad, que, desde que el hombre es hombre, surgen buscando respuestas definitivas. La sed de verdad está tan radicada en el corazón del hombre, que tener que prescindir de ella comprometería la existencia.

El término verdad, hoy, es una palabra caída en desuso. La verdad para la sociedad occidental del siglo XXI es relativa, parcial, subjetiva, fragmentada, criticada, despreciada, denostada. Cada cual ha de tener una verdad, sea la que sea, con tal de que se ajuste a su forma particular de entender la vida, y todos estamos obligados a respetar esa verdad, sin cuestionarla ni mostrar indicios de tener un argumento en contra. Lo contrario sería de personas intolerantes, y nadie quiere ser intolerante hoy en día.

En las tendencias de nuestros tiempos, nos encontramos con modos de pensamiento que se tienen por científicos y filosóficos que ya no parten del ansia de verdad, ni tienen como fin último el respeto a la vida humana, porque la reducción del progreso a las nuevas tecnologías ha ido mostrando al hombre como el que tiene poder para hacer y deshacer a su antojo.

La ciencia, tal como está planteada hoy día, puede influir sobre los hombres y su destino, más que cualquier otra profesión. En contra de lo que muchos puedan creer e incluso manifestar abiertamente, la realidad es que la historia de la Iglesia está íntimamente ligada con el estudio de la ciencia. Hay pruebas que parecen dejar sin argumentos a quienes sostienen que la Iglesia está en contra de la investigación científica.

Teología y ciencia, si bien son realidades muy distintas, también son realidades complementarias. Del estudio de la materia en su actividad, uno no puede extraer ninguna consecuencia fuera de decir cómo actúa la materia. Preguntar si dice la ciencia que Dios existe o no, es absurdo. La ciencia no tiene nada que decir de lo que no es actividad de la materia. La teología no va a decir nada del comportamiento de la materia.

Todo problema científico se resuelve solamente a partir de condiciones iniciales y leyes de desarrollo. Si la condición inicial es cero, no puede haber física ni puede haber desarrollo. Ahí es donde la filosofía y la teología dan una respuesta que va más allá de la metodología experimental.

En un mundo cada vez más materialista y con una visión nada trascendente de la vida, la ciencia auténtica y la fe tienen mucho que aportar en el destino final del hombre. En el ámbito de la investigación científica se ha ido imponiendo una mentalidad positivista que, no sólo se ha alejado de cualquier referencia a la visión cristiana del mundo, sino que, y principalmente, ha olvidado toda relación con la visión metafísica y moral. Consecuencia de esto es que algunos científicos, carentes de toda referencia ética, tienen el peligro de no poner ya en el centro de su interés la persona y la globalidad de su vida.

Si el cristianismo insiste en la necesidad de acercarse a las doctrinas de pensamiento actuales, es para prevenir los peligros que se esconden en algunas corrientes, hoy muy difundidas de pensamiento.

Al marginar la crítica proveniente de la valoración ética, la mentalidad cientificista ha conseguido que muchos acepten la idea según la cual lo que es técnicamente realizable llega a ser, por ello, moralmente admisible.

Se ha ido afirmando un concepto de democracia que no contempla la referencia a fundamentos de orden axiológico y, por tanto, inmutables. La admisibilidad o no de un determinado comportamiento se decide con el voto de la mayoría parlamentaria. Las consecuencias de semejante planteamiento son evidentes: las grandes decisiones morales del hombre se subordinan, de hecho, a las deliberaciones tomadas cada vez por los órganos institucionales.

Sin referencias éticas y morales, fuertemente arraigadas en el corazón del hombre, la Humanidad puede dar pasos que considere como grandes progresos, cuando, en realidad, estos mismos pasos pueden significar, en un futuro, una gran derrota.

VIVIR SENCILLAMENTE…

¿Qué se requiere para llegar a ser feliz? No mucho. En realidad, nada que no esté ahí desde hace muchísimo tiempo: Dios, un alma y un instante. Los tres están siempre ahí. El simple hecho de existir es una maravilla; vivir, sencillamente, es bueno. Únicamente esas tres cosas son decisivas para una vida con sentido, y no se requiere nada más.

Mas, tres cosas bastan para que la vida se logre como es debido: dejar las preocupaciones, sintonizar con uno mismo y vivir sencillamente. Estos principios o actitudes ante la vida son inseparables y se condicionan mutuamente.

Para sintonizar conmigo mismo debo dejar las preocupaciones, pues éstas tienen la rara virtud de atormentarme. Amenazan con desgarrarme. Me impiden llegar a ser uno conmigo mismo. Por eso debo deshacerme de ellas, alejarlas de mí. Sintonía y sentido tienen la misma raíz. Se trata de lo uno y simple, del sonido uno que suena sencillamente, y del arte de hacer que muchos tonos se conviertan en uno solo. Quien unifica en sí los muchos tonos en un único sonido se ha vuelto sencillo: se ha hecho finalmente uno con el sonido originario. Y a partir de ese ser uno vive sencillamente, como uno y como una persona sencilla que se ha hecho en sí misma clara, íntegra y transparente a causa de lo uno.

Quien vive sencillamente, sin segundas intenciones, es un bien para las personas que conviven o se encuentran con él. No tiene que hacer gran cosa por los demás, ni siquiera en situaciones verdaderamente difíciles. Simplemente, está ahí, junto a quien necesita su presencia. Es alguien que, sencillamente, aguanta junto a él, sin palabras, sin interpretaciones con frases hechas, sean las que sean. Se limita a estar ahí. Quien se encuentra desesperado sólo quiere tener a alguien que se limite simplemente a estar ahí, sin decir nada, sin dar explicaciones, sin presionar con falsas expectativas de que el mal y la tristeza han de mitigarse necesariamente.

Quien se limita a estar ahí, sin intereses personales de ningún tipo, es también un bien para la creación. Está en sintonía con ella. No la utiliza para sí, no la explota. Sencillamente, es, con la creación y en ella. En su calidad de parte de la creación, florece con esa persona única e irrepetible. Se convierte en bien para su entorno.

Quien vive sencillamente no está desgarrado. Está sano y entero. Vive con todo cuanto es. Vive plenamente. Está totalmente en sí. No está determinado por el mundo. Se pertenece a sí mismo. El mundo no tiene poder sobre él. La palabra parecido tiene como términos derivados cercano, cómodo y placentero. En el ámbito del cercano me siento cómodo y protegido. Para mí, la frase vivir sencillamente significa: vivo completamente en el momento presente. Esto me libera del poder del mundo, del poder de las pasiones e instintos, del poder del afán desmedido de reconocimiento y éxito. Esta vida sencilla tiene lugar en el cercado, en la protección de Dios. Allí se está cómodo. Allí me siento en casa.

Descansar significa cesar en el trabajo. Este descanso me libera del impulso de tener que hacer algo. Puedo disfrutar del hecho mismo de estar ahí. Me limito, sencillamente, a estar ahí. Cuando vivimos sencillamente, tenemos parte en el descanso divino, libres de toda preocupación, en sintonía con nosotros mismos y con el momento presente. Así, dejar las preocupaciones nos conducirá a una vida en armonía con nosotros mismos, al sencillamente, vivir. Nuestro corazón ansía este descanso, esta satisfacción interior. ¿Y qué otra cosa significa, en el fondo, la felicidad, sino este descanso del corazón?

“Incluso una puerta pesada no tiene necesidad más que de una pequeña llave”. La frase indica que algunas palabras son como una llave que abre algo en nuestra alma. Despejan un espacio de libertad. Vivir, sencillamente, satisfacción y claridad: he ahí un camino hacia la armonía interior que nos vivifica. Deja todas tus preocupaciones y para de dar vueltas entorno a ti mismo. Entonces el mundo entero te pertenece. Todo se convierte en un regalo. Y la vida pasa a ser un lugar para el agradecimiento, para la felicidad…

CALIDAD HUMANA: OBJETIVO SOCIAL

Amigo lector, permíteme que hoy deje a un lado lo característico de mis anteriores artículos y que, por primera vez, haga unas reflexiones sobre un tema que hoy día nos afecta a todos y, de alguna forma, también a la calidad de trabajo, a la de la relación laboral y en definitiva a la calidad de vida, que a costa de lo que sea tenemos que recuperar, para así conseguir la calidad humana que tanto necesitamos.

No hace demasiados años que el triunfo profesional era fruto de una dedicación, de un esfuerzo, de una superación continua de uno mismo,… y ello era motivo de un legítimo orgullo que el profesional sentía de si mismo y de su trabajo. Existía un reconocimiento por el trabajo bien hecho, un respeto por la dedicación del trabajador y por tanto una relación calidad-reconocimiento entre directivos, mandos y trabajadores que hacía que el profesional no cayese en la apatía laboral, en el aburrimiento cotidiano, o en el…»para qué me voy a esforzar, si no va a valer para nada». La calidad era una continua búsqueda de la mejora.

Hoy día, ocurre todo lo contrario; las relaciones se han materializado, el nivel de profesionalidad importa menos que el nivel de titulación, ya que el título que se posea tiene más importancia que la capacidad de gestión, la preparación del individuo. Somos el País de Europa que más fiebre de titulitis padece y… «en eso sí estamos a la cabeza». Eso hace que al frente de puestos de responsabilidad existan personas inexpertas, por la falta de experiencia e inmaduras por haber conseguido un puesto determinado sin esfuerzo alguno, ¿como se puede valorar algo que no cuesta esfuerzo en conseguir?, ¿estamos en la supremacía de lo teórico sobre lo práctico?, ¿está reconocida, hoy día, la experiencia?.

El hombre tiene espíritu de cazador, y como tal valora lo que le ha costado conseguir la pieza deseada, eso desde nuestros orígenes. Y no hemos cambiado, nuestro ego se engrandece cuando es reconocido nuestro esfuerzo y nuestra constancia y eso es lo que hace que día a día aumentemos el nivel de Calidad en nuestro espíritu, en nuestras relaciones, en nuestro que hacer cotidiano. Trabajando con calidad defendemos nuestro futuro.

No perdamos el sentido de la responsabilidad, el orgullo legítimo del trabajo bien hecho, «bien a la primera»; la calidad no se improvisa, se hace día a día. Hagamos que ese reconocimiento sea superior a lo estrictamente materialista y económico, recuperemos la profesionalidad de la persona y su reconocimiento, por encima del corporativismo y la titulación, no caigamos en la trampa de engañarnos a nosotros mismos con falsos reconocimientos que no ayudan en nada a conseguir la «calidad humana» que deseamos.

Que nuestro objetivo social, laboral y como individuo, sea conseguir lo que el arquero con espíritu deportivo: Manejar el arco con habilidad y destreza, fruto de la práctica cotidiana y experiencia, para que la flecha salga segura a su destino, que no es otro que el centro de la diana, que no es otra cosa que la calidad de vida y una forma y un estilo de vivir: «la forma natural de hacer las cosas»…