NO QUIEREN A NUESTROS EJÉRCITOS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

General Dávila

12 de Octubre. Día de la Fiesta Nacional. Desfile Militar

O no se enteran o no se quieren enterar, ye, ye. No nos quieren de verdad, ye, ye.

El maestro Antonio Burgos, en magistral artículo, afina la puntería, propia de cabo tirador selecto, (¿Para cuándo esa merecida Cruz del Mérito Militar?) y describe la situación —Sin Desfiles— que no es coyuntural sino que va camino de estructurarse en lo que siempre han querido: sacar a los ejércitos del sentir del pueblo, alejarlos del concepto de Patria, de Todo por la Patria, del sentido de Unidad de España, sacarlos de la Constitución, como el que se saca una muela infectada que no le permite zamparse a gusto la empanada que se han guisado de nacionalidades, de lo federal, de la nación de naciones, y no sabemos cuántas zarandajas más. Molestan los ejércitos y sus…

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¡SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA! Rafael Dávila Álvarez

General Dávila

Santiago Apóstol. Patrón de España

25 de julio. Festividad de Santiago Apóstol, El Mayor, hijo de Zebedeo, pescador, discípulo de Jesús.

Patrón de España, de Galicia y del Arma de Caballería.

Durante el reinado de Felipe IV el Papa Urbano VIII decretó que el Apóstol Santiago  fuera declarado solo y único Patrón de la Nación española.

‹‹Dios hizo a Santiago, patrón de España que no existía entonces, para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada››, le escribe Quevedo al rey Felipe IV.

A la Batalla de las Navas de Tolosa

¡Santiago y cierra, España! es el grito que abrió el camino de la unidad de España. En La Batalla de las Navas de Tolosa. Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón,Sancho VII…

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CALIDAD DE SERVICIO

Cuando yo era pequeño siempre comprabamos en la tienda de la esquina. Los productos no eran muy buenos: el arroz, el azúcar y los garbanzos los pesaban en grandes cucuruchos de papel marrón y áspero. Las piezas de bacalao se cortaban con una máquina que tenía la sal incrustada en todas sus rendijas y el aceite chorreaba por unos aparatos accionados a manivela.

Y, sin embargo, el tendero conocía a todos los vecinos: aquel que tenía dificultades momentáneas (…,apúntame las patatas), los olvidadizos crónicos (…,mamá dice que me des los huevos, que se los ha dejado aquí encima) y todo aquel mundo de idas y venidas, siempre bajo la supervisión del tendero quien conocía y llamaba a cada persona por su nombre. Aunque no lo supiéramos, había Calidad en el Servicio.

Más tarde pusieron un supermercado. Todo era más aséptico. Los paquetes perfectamente colocados en las estanterías; las luces de neón proyectando su frialdad sobre los productos; las cajeras, serias, en su papel de no pasar nada, de no conocer a nadie para que nadie pidiese un favor… Y así, perdimos al tendero. Durante muchos años, deslumbrados porque cada vez había más novedades a nuestro alcance, no nos dimos cuenta de lo que habíamos dejado en el camino: la amabilidad, la profesionalidad y el interés por el trabajo bien hecho quedaron prácticamente en el olvido.

Los productos que comprábamos eran cada vez mejores. Al principio todo lo bueno venía del extranjero y había una diferencia abismal con lo que se producía aquí: las radios tenían que ser holandesas o alemanas; los coches americanos y el chocolate suizo. Y nos fue entrando el gusanillo de la Calidad, aunque no tuviéramos conciencia aún de lo que había detrás de aquella palabra.

Pasó el tiempo, ya podíamos permitirnos el lujo no solo de comprar, sino también de elegir lo que queríamos comprar. No teníamos que esperar meses y buscar una recomendación para conseguir un coche, puesto que ahora el único problema que teníamos ¡además del precio! era qué marca y qué color elegir. Y las lavadoras no se rompían a las primeras de cambio… Y las cosas funcionaban.

Además de recibir turistas en cantidades industriales, a su vez nosotros también nos convertimos en turistas, empezamos a comprobar que “por ahí fuera” cuando utilizábamos un servicio: hoteles, transportes, restaurantes, etc., éramos tratados como personas, como Clientes, que teníamos unos derechos y nos eran respetados (la mayoría de las veces); que si comprábamos un producto y teníamos un problema con él, la reparación o devolución era rápida y sin hacernos sentir culpables.

Entonces empezamos a entender lo que significaba la Calidad del Servicio y lo difícil que era conseguirla. Pero, en realidad, ¿era tan difícil conseguirla?. No. Lo único que teníamos que aprender era a ponernos en el lugar de la otra persona, de aquél que se traía su problema, o su deseo, y luego, ayudados por el sentido común y por unas poquitas reglas, conseguiríamos que el Cliente fuese el Rey.

Y el cliente, efectivamente, es el rey de nuestro negocio, porque sin él, aunque fabriquemos los mejores productos, o ideemos los servicios y tengamos el sol más brillante, al final fracasaremos.

El gran problema del Servicio es su intangibilidad y que su prestación y consumo son simultáneos. Por lo tanto no basta con aplicar las técnicas de gestión de calidad desarrolladas por la industria. Había que utilizar los principios de la Calidad en el Servicio, entre los cuales están: “Escuchar lo que quiere el cliente. Sus opiniones son las únicas válidas a la hora de juzgar un servicio y siempre podremos sacar conclusiones para próximas actuaciones”. “ Las excusas no son válidas. Pueden ayudar algo, pero el cliente ya se habrá formado una mala opinión”. “Los clientes siempre pedirán un poquito más de lo que les damos, por tanto tendremos que tender siempre a la excelencia”. “¡Cuidado con las promesas!. La diferencia entre el servicio prestado y las expectativas generadas, debe ser mínima”. “Cumplamos siempre con los compromisos”. “El servicio, intangible y llevado a cabo por seres humanos, puede y debe estar guiado por unas normas de Calidad que tiendan a conseguir cero fallos”. “La Calidad en el Servicio comienza atendiendo a los pequeños detalles”.

…Tú me aportas la calidad de tu servicio, y yo te pago, a cambio, con un precio justo, con actividad, con mi confianza, con mi fidelidad… Se olvida el precio de una cosa, se olvida el tiempo esperado en esperarla pacientemente… Pero se recuerdan los servicios que ésta nos ha prestado o negado. Porque el precio sólo se paga una vez, la entrega sólo se hace una vez, pero el uso es diario…

Nuestro desafío hoy está en la aplicación de estos principios a los sofisticados servicios del mundo moderno. ¿Por qué será que, al cabo de los años, todavía me acuerdo del tendero y de su tienda de la esquina?…

LA MUJER… Y LA CALIDAD

En la clasificación de las especies, aparecemos como «homo sapiens», pero si miramos a la prehistoria habría sido más exacto decir «fémina sapientis», ya que «fue la mujer quien tuvo la sapiencia para dar el salto desde el Paleolítico al Neolítico».

La perspicacia de aquella mujer descubrió que una semilla caída accidentalmente en la basura producía una espiga y que unos cachorrillos guardados como juguetes para los niños, se hacían adultos y podían reproducirse en cautividad. Decimos que la experiencia es madre de la ciencia: La mujer había inventado la agricultura y la ganadería. Pero su fino espíritu desarrolló también el sentido de la propiedad y del intercambio de excedentes. Así apareció un inicio de Comercio y de Servicios.

Esta revolución neolítica, debida a la sabiduría femenina y quizás a su innato sentido práctico de guardar y permutar, representó un espectacular avance en la calidad de vida del ser humano, es decir, del Hombre.

Estudios definen al Hombre como una realidad, con caracteres diferentes a los de otras realidades. Pero una realidad que tiene que ir haciéndose. Gracias a sus acciones el Hombre es persona humana frente a todo lo demás. Y esas acciones pueden y deben tender a aumentar la calidad del Universo. En particular, la calidad de los aspectos personales empezando por los más elementales, aquellos que constituyen la vida del hogar, la vida diaria. Si los varones repasamos nuestras vidas, comenzando por la infancia, caeremos en la cuenta que han sido prioritariamente mujeres quienes han contribuido a nuestro bienestar, quienes han dado calidad a nuestras vidas. Y si, al llegar a edad adulta, hemos tenido la suerte de encontrar a nuestra media naranja, podremos atestiguar aquel viejo dicho: «cada hombre llega hasta donde su mujer le impulsa».

Cuando hablamos del Hombre como artífice de la Calidad, estamos implícitamente reconociendo ese papel que la mujer ha desempeñado y aún desempeña en la Calidad de Vida. Pero también pensamos en las numerosas mujeres que hoy trabajan por la calidad en general, a veces de una manera sencilla e ignorada, a veces de una forma clara e impetuosa. Y siempre con una supremacía sobre el varón: Su belleza, simpatía, instinto, buen saber hacer, resistencia física y síquica; en suma, la elegancia, que también refuerza la Calidad. Y no digamos si pensamos en la «producción» de la mujer, ¿Quién puede tener más calidad que una madre?

No hay duda de que la mujer nos sobrepasa en muchos aspectos, aunque tiene esa otra virtud de poder pasar inadvertida, dejándonos a los varones los laureles de lo conseguido. Y esto es también una acción «calitativa», es decir, de Calidad.

Naturalmente, los varones también hacemos calidad, quizás más aparente y menos sutil que la que ellas hacen. Al hablar del Hombre como hacedor de calidad, parece que los varones ocupamos un lugar preferente, pero es sólo porque las mujeres nos lo permiten. Ambos sabemos que, para alcanzar una auténtica calidad en nuestras vidas, necesitamos la amistad, el aprecio, la estabilidad y el amor, que sólo el otro sexo nos puede dar.

ADIÓS MI QUERIDA ESPAÑA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

General Dávila

Ministerio de la Verdad: creado por Zapatero. El gran mentiroso. Continuado por Pedro Sánchez, ya se sabe lo que dijo Marx de su utilidad. Como tonto en vísperas sigue el camino marcado.

Detrás de todo y todos hay alguien más cuyo conocido representante se limita a vivir bien y encauzar las ayudas exteriores. Esto ha pasado siempre, desde los remotos tiempos, con la única intención de subvertir. La inocencia también. Vivir bien y predicar el amor universal, completo, y en todos los aspectos. Al conjunto lo alimentan de la palabra, mientras piensan: ¡Que los zurzan!

Entre intereses se ha creado una gran mentira que nos acosa sin saber muy bien a donde nos lleva. Podemos adivinarlo si seguimos los pasos que da su iniciado creador en España: José Luis Rodríguez Zapatero. No le den más vueltas al cervatillo. ElPensamiento Alicia, se ha hecho mayor y…

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La UE sentó las bases para una acción policial y militar contra civiles

Situaciones Difíciles y Conflictivas

eurofonger

Muchas cosas nos pasan desapercibidas de la que sucede en el mundo y en particular de las decisiones que se toman el la UE.

No saldremos mejores de esta pandemia que ha agravado la polarización social. El coronavirus era una oportunidad para la unión en pos del objetivo común de derrotar al virus. Pero en Estados Unidos, Brasil o España ha conseguido lo contrario.

La irrupción de la pandemia de coronavirus ofrecía una oportunidad para sanar las heridas de la polarización. Otros contextos trágicos, como desastres naturales, accidentes nucleares, ataques terroristas o guerras fueron catalizadores de consensos y de respuestas nacionales con un amplio respaldo de la opinión pública. En estas ocasiones los líderes políticos y sociales solían apelar a la identidad nacional por encima de las diferencias partidarias, lidiar con el oponente político de manera constructiva y empática y promover la cooperación, motivados por el interés general. Durante…

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“LA ESTANCIA” EN EL MONASTERIO DE SILOS” Pedro Motas Mosquera

Continuando con mi anterior artículo de cosas del Espíritu, y dado que ya no voy al Monasterio de Santo Domingo de Silos; a continuación os pongo el artículo que realicé, en la misma fecha que ahora, en el Blog de mi querido amigo el General Dávila, haciendo la observación de que en 25 años, nunca he faltado a la cita del Santo Patrón San Benito. Un abrazo a todos.

General Dávila

Biblioteca de Silos

Llegado a Silos, contemplo el claustro con su ciprés. Los cipreses se sucedieron uno tras otro, ante la mirada curiosa de las figuras esculpidas en capiteles y relieves. Hace más de cien años, se plantó el de ahora, que ha sentado escuela y leyenda. Por su prestancia, le dieron el mote de “el arcipreste”. Se yergue solitario en un ángulo del claustro románico y apunta al cielo, es decir, vive tejas arriba. Nuestro ciprés mide treinta metros de altura y es colmena de pájaros, valga la licencia. Al pie del árbol se amontonan las cacas blanquinegras que lo alimentan. Es el tributo que pagan las avecillas a cambio del hospedaje que reciben. Pocas cosas han suscitado tantos poemas como el ciprés de Silos:

“¡Oh ciprés misterioso, alto, noble y austero,

compañero del monje, dulce y fiel compañero!.

Viejo ciprés del claustro, que en los días…

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De nuevo, el gran viaje, antes del examen…

Pedro Motas        Guerrero Monje 2.jpeg

Al igual que he realizado artículos sobre reflexiones guerreras de mi juventud y docentes en mi madurez, ahora le toca el turno a las reflexiones espirituales, también en la madurez, de este humilde Guerrero Monje que, durante años, viajó a un Monasterio para meditar, reflexionar y preparar los exámenes de su segunda carrera, a la vez que disfrutaba de la naturaleza en los descansos y paseos realizados… y que ahora comparto:

Del trabajo, en Murcia, y tras una breve estancia en la macro-urbe de Madrid, ¡Cuántas posibles soledades, vacías y deshumanizante, en el deambular de la gente por la calle!; regreso, una vez más, al Monasterio de Santo Domingo de Silos para preparar el examen de una asignatura de la carrera de Teología en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos).

Por fin encuentro unos días de tranquilidad. Esta soledad compartida, hora tras hora, golpea mi alma, hace la faena de forjador en ella. Es una soledad habitada, en la que el encuentro con uno mismo se hace protagonista, y en la que pongo nombre a la verdad con silencios fecundos y con la mirada trascendente.

Es una experiencia liberadora y pacificante. No es una huida de lo humano, sino condición de posibilidad de recabar la armonía y la unidad interior. No es una paz sin dolor, sin preocupaciones, sin temores. Es la paz que abraza a todos en el Todo.

Necesitamos espacios de silencio, con el rumor de la naturaleza de fondo, donde nos reconciliemos con nuestras propias aristas y agresividades, donde podamos apaciguar y amansar nuestro corazón en esas ondas expansivas de profunda comprensión y respeto, en ese lugar interior de presencia, donde todo está bien y todo encuentra inexplicablemente su sentido.

Al caer la tarde, imagen del atardecer de la vida, el gran silencio se transforma en contemplación, mirada a mirada, en la paz… mirar y ser. Peregrinos del tiempo son quienes nos han dejado, mientras nosotros proseguimos la ruta hasta llegar a la casa…

Paso una larga tarde de paseo en el monte, tengo la oportunidad de escalar la loma, frente al monasterio. Paso a paso, no hay camino trazado, se hace camino al andar. En la cumbre, desde la hermosa atalaya, se divisan amplios horizontes, verdes ocres, cárdenos, cerros, pinos, sabinas y encinas; plantas y flores de todos los colores y olores. Sobrecoge contemplar tanta belleza natural. Y doy gracias por lo que tengo ante mis ojos, por mis ojos que me permiten contemplarlo, y por lo que se trasparenta a través de todo.

Doy gracias al sentirme aquí libre, como el viento que roza mi cara, como las nubes que difuminan las lejanas crestas de la sierra, como los buitres, naves aéreas de todos los días, con su vuelo lento. Fundido en el paisaje, suplico a quien está aquí presente, más que mi propia conciencia…

Quiero seguir creyendo en Aquel que no está aquí o allá, sino en todo, como fuente únicamente salida en el agua cristalina, que corre y canta lejos ya del manantial, como horizonte último, que da a todo lugar y figura, como luz que lo envuelve todo, pero sólo se detecta en los objetos y en el aire, iluminados por ella… y pienso en el contenido de la asignatura “teoría y crítica del conocimiento”, que estoy preparando, concretamente en lo que se refiere a “el conocimiento de la realidad en la verdad”, y más aún en “la verdad, vida y meta del conocimiento”; pero al margen del estudio pienso y reflexiono ¿qué es la verdad? ¿dónde está?, ¿cómo encontrarla?…

Luz, se necesita luz, que disipe las tinieblas de tanta oscura mentira y de tanta obcecación. Luz para contemplar la Verdad en la realidad que nos envuelve. La verdad, que no es una formulación racional, sino algo real, patente. Es presencia y certeza. La verdad que impregna todo, que palpita en la célula, en la vibración de la vida, en la pulsión del ser, en el sonido y en el silencio. La verdad que no puede ser pensada, pero que hace posible el pensamiento. La que está en corazón de todo ser sentiente, la que es el aliento de mi propio aliento. Si me sumerjo en lo más íntimo y profundo de mí mismo, despojándome de los disfraces del ego, ahí la encuentro.

La verdad que está por encima del conceptualismo, del relativismo, del nihilismo y del pragmatismo. Ignorarla es perder la referencia al ser. Sólo quien se admira y pregunta “qué es esto”, está en condiciones de encontrarla. La indiferencia lleva al subjetivismo gnoseológico. “Mi verdad” es una falacia. El relativismo subjetivista renuncia a la verdad objetiva y absoluta, universal para todos. Por eso, para muchos, todo ha perdido su valor, todo vale, da igual todo. La persona humana queda reducida a su esfera animal, se diluye como un azucarillo. Se vive el presente, según los impulso del instante. No hay mal o bien objetivos. No hay ley natural. “Aquí no hay más ley que el Parlamento”, se ha atrevido a afirmar un político de nuestros días.

A quien así piensa y enseña, no le creo, no les creo. Hasta los científicos más sensatos reconocen que la búsqueda de la verdad no termina nunca, porque remite siempre a los interrogantes que abren el acceso al Misterio insondable.

Al descender de la cumbre, muy cerca ya de la corriente de agua cristalina del río, contemplo un verdadero espectáculo, entre la frondosidad exuberante y la multitud de plantas floridas, con sus finísimos colores y gratísimos perfumes. Y me pregunto: ¿por quién?; como el filósofo, sólo tengo una respuesta: “esta es la verdad”…

Y hago una reflexión al atardecer:

¿Hay algo más visible que lo invisible? ¿Hay algo más invisible que lo visible? Todas las escaleras conducen a las estrellas…

Es estúpido imaginar que haya que escoger entre el universo y Dios, y que Dios sólo entienda de religión. Lo que hay que hacer con lo creado es estar, gozar y amar a los seres de acuerdo con su distinta densidad y dedicarles las diversas dosis de amor que cada uno merece.

Lo cual no significa que yo piense que todo se puede usar sin mesura y ni siquiera que todo es conveniente usarlo sin atender a la situación de uno y a la oportunidad de los tiempos.

Convencido de que todo, desde una palabra hasta lo sonrisa de un niño, una brizna de hierba, las galaxias y la flauta mágica, es un misterio. Aunque estas cosas no están todas al mismo nivel; de lo natural a lo sobrenatural va no solamente un cambio de grado sino también de orden. Reflexiono sobre diversos puntos de las relaciones de la vida, los sentimientos y los seres entre sí.

Podía ser evocada la caída de la tarde como una de las horas más adecuadas para la reflexión. La mayoría de las reflexiones son pensadas, maduradas o escritas, cuando el día mengua ya en la intensidad y, abandonada la violencia diurna, la relajación de la luz devuelve la suavidad a los perfiles de las cosas y la claridad a la mente.

Entonces, cuando todo se relaja y reaparecen los matices, la naturaleza se deja contemplar sin rebeldía, lejos de la meridiana luz que deslumbra la vista, exacerba los colores y aplasta las formas. El atardecer es la hora de la reconciliación de todas las cosas. Entonces, abandonada la lucha diurna que el pleno sol establece en el paisaje, la vista puede recrearse en los tonos amables de los seres y el pensamiento atender a sus contornos delicados.

Y de vez en cuando puede ser que, en una flor o en un árbol, o tal vez en un simple recuerdo, se entreabra la puerta y se escuche el murmullo de secretos recónditos.

En el atardecer de la vida, es también cuando se presentan en esas reflexiones unos principios prácticos de vida, que nos ayuda a serenarnos y a subrayar el pequeño esplendor de lo cotidiano y a escuchar atentamente la voz de los silencios.

EL EJEMPLO ARRASTRA…

El hecho de haber sido profesor en un sitio y alumno en otro, me sirvió de mucho a la hora de transmitir conocimientos, aconsejar a los alumnos, entenderlos, comprenderlos y acercarme a ellos.

Tengo anécdotas muy gratificantes y bonitas, cuento una como muestra:

Hace años, antes de irme de viaje a examinar de una asignatura del 3º. Curso de Teología, mi segunda carrera, en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), me despedía de los alumnos de un Master Universitario Posgrado, en la Escuela de Negocios de la Fundación Universidad-Empresa de la Universidad de Murcia, del que era Profesor y Director, informándoles del examen que ellos iban a tener en esos días que yo iba a estar fuera; una alumna llamada Raquel quiso hablar conmigo a solas, la llevé a un despacho y me dijo que iba a abandonar el master porque no quería pasar examen alguno, ya que había sufrido suficiente con los exámenes de la carrera de Licenciatura de Ciencias Económicas, que había acabado recientemente por promesa a sus padres; y que lo pasaba muy mal porque sufría taquicardias, nervios, hasta desmayos y dolores de cabeza, etc…

Yo la intenté convencer para que se presentase al examen y no tuviese que suspender y abandonar el master, alegando el gasto elevado que sus padres habían realizado por ella, el disgusto que les iba a causar, la importancia que el master representaba para su carrera y futura profesión, etc…

Me contestó que por deferencia a mi, porque ella y los demás compañeros me apreciaban por identificarme y preocuparme por ellos, ayudándoles y aconsejándoles, me lo comunicaba antes que a sus padres, porque esa noche estaba dispuesta a decírselo a ellos.

Yo insistí y a ella se le saltaron las lágrimas, contestándome: ¡Pedro, por favor, no insistas, lo tengo decidido…!

Cuando se despedía y se iba, yo le dije que quería corresponder a su deferencia conmigo y contarle algo personal; ella quedó sorprendida por esa decisión mía de “contarle algo personal” y escucho interesada lo que quería decirle.

Le dije lo siguiente: Raquel, mañana salgo de viaje a examinarme de una asignatura de mi segunda carrera, el examen consiste en contestar, comentadas, diferentes preguntas y desarrollar por escrito diferentes temas, esto por la mañana; por la tarde, ante un tribunal, y sacando de una bolsa una bola numerada, desarrollo el tema que me salga durante veinte minutos, y contesto a preguntas del tribunal. Como ves, no es lo mismo que aquí, es duro y me pongo muy nervioso, a veces también tengo taquicardias y me duele la cabeza de los nervios que paso,… añadiendo a eso un viaje de ida y vuelta de 1.400 Km. en dos días; pero lo supero todo y me sirve como experiencia, disciplina, autocontrol y sobretodo como satisfacción personal por superarme a mi mismo y adquirir conocimientos.

Pedro, y eso a tu edad…? contestó ella y se fue pensativa.

A los dos días, cuando yo había pasado el examen escrito y estaba comiendo para posteriormente pasar el examen oral, me llamaron al teléfono móvil desde la Universidad de Murcia para decirme que Raquel se había presentado al examen y continuaba el master.

Yo, con esa noticia, estaba tan motivado y contento que el tribuna examinador me comunicó que parase porque ya era suficiente la defensa hecha del tema en cuestión…

A la vuelta del viaje, cuando entré en el aula de mis alumnos, el profesor que estaba dando su clase dejo de hablar, los alumnos se pusieron de pie aplaudiendo, Raquel se abalanzó hacia mi llorando y abrazándome, y yo me emocioné… todos me preguntaron por mi examen, pues hasta ese momento no había dicho nada de mis estudios como alumno.

La tal Raquel terminó el master con nota y actualmente es la Directora de un departamento de una gran empresa.

Cuando se casó me invitó a su boda y cuando nació su primer hijo, me invitó al bautizo; y cada dos o tres meses comemos juntos y me cuenta como lleva su trabajo en la empresa.

He aquí el nacimiento de una bella amistad entre profesor y alumna, aunque ella prefiere llamarme “maestro” porque supone mayor grado de enseñanza, ejemplo y aprendizaje.

Una vez más se demuestra que “el ejemplo arrastra” y convence más que las palabras.

LA INCERTIDUMBRE, EL MIEDO, EL PÁNICO…

La seguridad, sentirse protegido, ocupa un nivel de las necesidades primordiales, solo por encima de las necesidades fisiológicas, y es una de las siete necesidades básicas del ser humano. Estar seguro equivale a no sentir miedo, esa perturbación angustiosa del ánimo ante un daño real o imaginario.

La pandemia nos hace sentir en peligro y nos angustia no sólo en su vertiente sanitaria, sino también por sus consecuencias laborales y educativas, entre otras.

El miedo cumple una función adaptativa, pero al exacerbarse puede instrumentalizarse para la dominación política y el control social, como ha evidenciado el gobierno. La seguridad se cifra en reducir los riesgos del daño, pero debemos aprender a convivir con la incertidumbre, sin pretender eliminarla del todo.

La seguridad:

Tendemos a identificar la seguridad con el conjunto de medios y medidas destinados a velar por el orden público, como hacen las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Pero no se puede reducir la seguridad a la policía, el servicio de bomberos o las emergencias. Como nos ha hecho ver la pandemia, hay muchas otras cosas que adscribir a la seguridad, como es el caso de una salud pública que requiere acceso a medicamentos y tratamientos esenciales, una seguridad social que gestiona las bajas laborales y las jubilaciones, la protección del trabajador y el consumidor, el acceso a la vivienda o el cuidado del medio ambiente. La buena gobernanza, la transparencia, la rendición de cuentas o la participación también son elementos esenciales que amparan al ciudadano de posibles abusos por parte del poder político.

Para zafarse del miedo es imprescindible no ser presa de la penuria y la precariedad. El trabajo, la vivienda, el alimento, la asistencia sanitaria, la educación y la protección ante el desempleo, los accidentes o la vejez son los derechos que sustentan esa nueva seguridad.

La libertad:

Sin embargo, no ha de supeditarse todo a la seguridad, convirtiéndola en el valor supremo de nuestra vida social. No cabe renunciar a la libertad, la solidaridad o la justicia en aras de una presunta seguridad que suele reducirse a reforzar los mecanismos de vigilancia y control social, sin atender a la recién mencionada complejidad y riqueza del concepto.

Hay deseos que no deben cumplirse y el de la seguridad radical es un anhelo que nunca puede ni debe satisfacerse. Controlarlo todo nos haría inhumanos, porque nos definen precisamente nuestras limitaciones, y nuestra fragilidad es nuestro fecundo toque de distinción, al que le debemos nuestros mayores logros gracias a la interdependencia.

La búsqueda de una seguridad absoluta tan sólo puede acarrear consecuencias completamente indeseables. En circunstancias tan delicadas como las actuales, ante una grave amenaza para nuestra salud, podemos caer en la tentación de someternos voluntariamente a un control cada vez más exhaustivo de nuestras libertades, asumiendo con ello una vez más esa servidumbre voluntaria.

Los límites:

En un momento dado, puede ser útil rastrear nuestros movimientos para seguir la pista de posibles contagios y evitarlos. Pero hay que poner unos límites a ese tipo de controles y diseñar estas aplicaciones con transparencia, control social, limitación de uso y respeto a la privacidad; esto es, con una supervisión ética que oriente su diseño y sobre todo sus aplicaciones. En el binomio compuesto por libertad y seguridad siempre debe primar la primera, tal como entre la bolsa y la vida ha de hacerlo esta segunda.

Pasear por las calles bajo unas cámaras de reconocimiento facial que nos identifiquen a cada paso no aporta seguridad, sino un mundo en el que no merece la pena vivir. No podemos desconfiar de todos en todo momento y convertirnos en presuntos malhechores, como cuando pasamos un control aeroportuario.

Así las cosas, alguien podría idear una pulsera digital con ciertos datos relevantes para limitar nuestro radio de acción, si la pandemia retornase con extrema virulencia y todavía no dispusiéramos de los fármacos adecuados para neutralizar sus efectos letales. La edad, el género y hasta el grupo sanguíneo podrían determinar nuestro margen de maniobra, generando una concatenación de discriminaciones.

La responsabilidad:

Lo que realmente cuenta es nuestra responsabilidad, y no podemos dejarla en manos de nuestros representantes políticos, ni tampoco delegar su ejecución a los algoritmos gestionados por la inteligencia artificial. Hemos de hacer nuestra esa vigilancia autónoma. Cada cuál debe vigilarse responsablemente a sí mismo, para no dañar al otro. Esa labor necesita de una ingente pedagogía social en la que se involucren los medios de comunicación, el mundo de la enseñanza y cada uno de nosotros.

Hemos de asumir que debemos convivir con la incertidumbre, sin demandar a la ciencia o a quienes gestionan los asuntos públicos que nos liberen de nuestra zozobra en tiempos difíciles renunciando a la libertad, es decir, a la responsabilidad que nos caracteriza como ciudadanos y como personas con una identidad moral.

Sin esa identidad moral que nos confiere la responsabilidad, lo único seguro es que abdicaremos de nuestra condición humana, convirtiéndonos en unos vasallos del pánico, controlados por controladores a los que nadie controla.